31 de marzo de 2013

El brillante y la rosa.


El “maguid” es el orador y predicador de sinagoga, que trata temas religiosos y morales. Figura importante de las poblaciones judías del este europeo a partir del siglo XVII, los “maguidim” tuvieron el mérito entre otros de educar y entretener al pueblo con sus interpretaciones de los textos sagrados, a menudo desplegando ingenio y talento en sus narraciones.
El “maguid” de Dubno, así llamado porque ejerció su labor en esa ciudad, alcanzó fama y su recuerdo perduró en el tiempo. El relato que hoy os traemos, El brillante y la rosa, recoge sus enseñanzas a través de una parábola sobre un diamante bello pero imperfecto.

Reparto:
Narradora: Maite Benítez.
Estudiante: Javier Merchante Ruiz-Mateos.
Maguid: Javier Merchante.
Músicas: Real Rice (Jamendo).
Ilustraciones: Alumnos CEIP Josefa Navarro Zamora (libres y sobre las realizadas por Gianni de Conno).

Todos los relatos tradicionales de este blog reunidos, aquí.
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El brillante y la rosa from Javier Merchante on Vimeo.

5 comentarios:

Unknown dijo...

Muy entretenido. Increíble interpretación del estudiante, una joven promesa..

Javier Merchante dijo...

Una intervención breve, pero muy sentida. Lástima que a ese joven el destino lo guíe por otros senderos más hercúleos, si no... ¿quién sabe? Qué pena que no me haya salido un hijo artista. Mi madre quería tener un hijo cura. No lo tuvo.Tendría que haber sido yo, se supone.
Yo tampoco lo tuve artista, claro; aunque mi hijo tiene mucho arte...
Bueno, Unknown, gracias por tu vista; graba cuando quieras. Aquí queda. Estuvo bien, ¿no?.
Un abrazo.

Encarnación Valderrama García dijo...

Te he elegido para darte el premio "Incentivo a la lectura". Espero que te guste y enhorabuena por tan magnífico trabajo. Un beso de Encarni.
http://www.bibliogregoriomaranon.blogspot.com.es/2013/04/otro-premio.html

Javier Merchante dijo...

Muchas gracias, Encarnación. Un honor que nos distingas con tu mención. ¡Que alegría se nos escucha...!
Un abrazo.

Encarnación Valderrama García dijo...

¡Y MUCHO! Otro abrazo para tí, Javier.